Convivencia Justa y Sana

Un ilegal en el gabinete

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Un ilegal en el gabinete 
 
Humberto Musacchio

Para los panistas hay extranjeros de primera, de segunda y de otras categorías. Por ejemplo, un ciudadano español acaudalado y de derechas es recibido con alfombra roja y hasta se le permite intervenir en política interna, como ha ocurrido con el neofascista José María Aznar; en cambio, si el peninsular tiene apellidos vascos se convierte automáticamente en sospechoso de los más horrendos delitos y se le expulsa sin miramientos.
Un claro ejemplo de esa política discriminatoria e inconstitucional lo ofrece el caso de Juan Camilo Mouriño Terrazo, quien formalmente se desempeña como jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, aunque en realidad, como lo sabe todo el equipo de Felipe Calderón, es una especie de vicepresidente debido a que concentra facultades que le otorgan una influencia decisiva en la esfera del Ejecutivo.
Recientemente, un ciudadano solicitó los datos biográficos del señor Mouriño para saber si todavía tenía la nacionalidad española, pero el panista Alonso Lujambio, quien es comisionado del Instituto Federal de Acceso a la Información, “propuso que se clasificara como confidencial ese dato solicitado” (Excélsior, 12/VII/07).
El celo del comisionado Lujambio en proteger a un miembro del equipo calderonista fue atemperado porque la propia Presidencia de la República envió al IFAI el acta de nacimiento de Mouriño y su certificado de nacionalidad, con lo cual pareció acabarse el problema. Pero no es así.
En realidad, si es que el artículo 55 la Constitución tiene algún valor, no basta con tener nacionalidad mexicana para ser diputado, sino que es requisito “ser ciudadano mexicano por nacimiento”, y Mouriño, según el acta enviada por Los Pinos, nació el primero de agosto de 1971 en Madrid.
Por lo anterior, alguien debe explicar cómo es que el señor Mouriño llegó a formar parte del Congreso de la Unión en 2000-2006. Si presentó su acta de nacimiento española y así pudo ser candidato, el IFE tendrá que explicar por qué permitió esa violación de la Norma Fundamental. Si el mismo candidato o su partido presentaron un acta falsificada que lo diera por nacido en México, entonces alguien habrá de ser encarcelado. Así de simple.
Por supuesto, Mouriño tendrá que ser inhabilitado para ocupar cualquier cargo público y se le tendrá que retirar la ciudadanía mexicana, pues de otra manera él, un ilegal, seguirá formando parte del gabinete de Felipe Calderón, del equipo que supuestamente gobierna. Y eso nos ofende a todos los mexicanos. 

hum_mus@hotmail.com

Bagdad arde, Calgary prospera

Naomi Klein *

Bagdad arde, Calgary prospera

La invasión a Irak desencadenó lo que podría ser el mayor boom petrolero en la historia. Todas las señales están ahí: multinacionales con libertad para tragarse a voluntad empresas nacionales, llevarse ganancias ilimitadas a casa, disfrutar de placenteras "vacaciones fiscales" y pagar un risible uno por ciento de regalías al gobierno.

Este no es el boom en Irak iniciado por la nueva propuesta de ley petrolera. Eso vendrá después. Este boom ya está en pleno apogeo, y ocurre tan lejos de las matanzas en Bagdad como se puede llegar a estar: en las remotas tierras del norte de Alberta. En los pasados cuatro años, Alberta e Irak han estado conectados entre sí a través de una especie de subibaja invisible: mientras Bagdad arde, desestabilizando la región entera y haciendo que los precios del petróleo se eleven, Calgary prospera.

Así es como el caos en Irak desató lo que The Financial Times recientemente llamó "el boom de recursos más grande de Norteamérica desde la fiebre de oro de Klondike". Los habitantes de Alberta siempre han sabido que en la zona norte de su provincia hay vastos depósitos de betún (sustancia viscosa negra parecida al alquitrán, que se mezcla con arena, arcilla, agua y petróleo). Hay aproximadamente 2.5 billones de barriles de esa sustancia, los depósitos más grandes de hidrocarburos en el mundo.

Se pueden transformar los desechos de Alberta en crudo, pero es terriblemente difícil. Un método es extraerlo de vastas minas abiertas: primero se talan los bosques, luego se remueve el mantillo. Posteriormente, enormes máquinas sacan la sustancia negra y la cargan en los camiones de volteo más grandes del planeta (dos pisos de altura; una sola llanta cuesta 100 mil dólares). El alquitrán se diluye con agua y solventes en gigantescas tinajas, donde se revuelve hasta que el petróleo sube a la superficie; mientras, enormes cantidades de deshechos son vertidos en estanques más grandes que los lagos naturales de la región. Otro método es separar el petróleo donde está: grandes tubos de perforación empujan vapor dentro de la tierra, a grandes profundidades, lo cual derrite el alquitrán. Mientras, otro tubo lo extrae y lo transporta por varias etapas posteriores de refinamiento; gran parte funciona con gas natural.

Ambas técnicas son costosas: entre 18 y 23 dólares por barril, sólo en gastos. Hasta hace poco no tenía ningún sentido económico. A mediados de los años 80, el petróleo se vendía a 20 dólares el barril; en 1998-99 bajó a 12. Los principales "jugadores" internacionales no tenían ninguna intención de pagar más por obtener crudo que el precio en que lo podían vender, razón por la cual, cuando se calculaban las reservas petroleras globales, ni siquiera se incluían las arenas bituminosas. Todos, a excepción de unas cuantas compañías fuertemente subsidiadas, sabían que el alquitrán iba a permanecer ahí.

Luego vino la invasión estadunidense a Irak. En marzo de 2003, el precio del petróleo alcanzó 35 dólares por barril, incrementando las posibilidades de obtener ganancias de las arenas bituminosas (la industria les llama "arenas de petróleo"). Ese año, la United States Energy Information Administration (Administración de Información Energética, perteneciente al Departamento de Energía estadunidense. N de la T) "descubrió" petróleo en las arenas bituminosas. Anunció que Alberta -antes se creía que había sólo 5 mil millones de barriles de petróleo- estaba en realidad sentada en al menos 174 mil millones de barriles "económicamente recuperables". Al año siguiente Canadá rebasó a Arabia Saudita como el principal provedor de crudo a Estados Unidos.

Todo esto ha significado que el boom petrolero iraquí no se retrasó, sino que se trasladó de lugar. Todos los grandes, salvo BP, corrieron hacia el norte de Alberta: ExxonMobil, Chevron y Total (el cual planea gastarse entre 9 y 14 mil millones de dólares). En abril, Shell pagó 8 mil millones de dólares para tomar el control de su subsidiaria canadiense. El pueblo de Fort McMurray, foco del boom, no tiene dónde albergar a las decenas de miles de nuevos trabajadores, y una compañía construyó su propia pista de aterrizaje para poder llevar a la gente que necesita.

Setenta y cinco por ciento de petróleo de las arenas bituminosas se lleva directamente a Estados Unidos, lo cual impulsó a Brian Hall, consultor energético para el IHS (importante compañía que provee información estratégica a las industrias energética, de defensa, aeroespacial, de la construcción, electrónica y automotriz. N de la T), con sede en Colorado, a llamar a las arenas bituminosas "el manto de seguridad energético de Estados Unidos". Ahí hay cierta ironía: Estados Unidos invade Irak, al menos en parte, para asegurar acceso al hidrocarburo. Ahora, en parte gracias al golpe económico que produjo esa desastrosa decisión, encontró en su vecino la "seguridad" que buscaba.

Está de moda predecir que los altos precios petroleros despertarán una respuesta de libre mercado al cambio climático, desencadenando una "explosión de alternativas innovadoras", como recientemente escribió Thomas Friedman, columnista de The New York Times. Alberta es la prueba de que esa aseveración es falsa. Los altos precios sí llevaron a una extravagancia en investigación y desarrollo, pero enfocada a intentar encontrar la manera de obtener el petróleo más sucio de los lugares más difíciles de alcanzar. Shell, por ejemplo, trabaja en un "novedoso proceso de recuperación termal" (incrusta enormes calentadores eléctricos en los depósitos, y literalmente cocina la tierra).

He ahí las arenas bituminosas de Alberta: la industria que ya contribuye al cambio climático, más que cualquier otra, sube frenéticamente la temperatura. El proceso de refinar betún emite tres a cuatro veces más gases de efecto invernadero que los producidos cuando se extrae petróleo de los pozos tradicionales, lo cual hace de las arenas bituminosas la mayor contribuidora al crecimiento de emisiones de gases de efecto invernadero de Canadá. Los 100 mil millones de dólares en inversiones proyectadas para las arenas bituminosas también han vuelto a Canadá en un renegado del clima global. Ese dinero es la razón principal de por qué la próxima semana, en la Cumbre de los 8, en Heiligendamm, el Primer Ministro de mi país -quien favorece a la industria petrolera-, Stephen Harper, se reunirá con George W. Bush en su oposición a todo esfuerzo serio para poner un tope o reducir los gases de efecto invernadero. En casa, su gobierno apoya plenamente los planes de la industria petrolera de por lo menos triplicar la producción de las arenas bituminosas para 2020, sin que se le vea fin. Si los precios se mantienen altos, pronto se volverá rentable extraer 141 mil millones de barriles más de las arenas bituminosas, lo cual colocaría en Alberta las más grandes reservas de petróleo en el mundo.

Desarrollar las arenas implica devorar los árboles y la vida silvestre. El Pembina Institute, la más prominente autoridad en el impacto ambiental de las arenas bituminosas, advierte que el bosque boreal, que cubre "un área del tamaño del estado de Florida", corre el riesgo de ser allanado. Ahora resulta que el río principal que alimenta la industria con las enormes cantidades de agua que necesita está en peligro. Científicos del clima dicen que los decrecientes niveles de agua son resultado -claro- del calentamiento climático.

Al observar la locura colectiva en Alberta -una escena que hasta The Financial Times calificó de "distópica fantasía"-, se me ocurre que Canadá se quedó con algo más que el boom petrolero trasladado desde Irak. También tenemos sus elusivas armas de destrucción masiva. Están allá, cerca de Fort McMurray, en la sustancia negra azabache, bajo la corteza terrestre. Y con la ayuda de camiones de carga, pipas, vapor y gas, esas armas son detonadas.

Copyright 2007 Naomi Klein.
www.nologo.org.
* Naomi Klein es periodista canadiense, autora de No logo.
La columna fue publicada en The Nation (www.thenation.com).

Traducción: Tania Molina Ramírez.

Michael Moore y Sistema de Salud en EU.

Michael Moore y el sistema de salud en EU

Por: Rafael Fernández de Castro

Cuba tiene una cobertura más amplia que la de Estados Unidos; su mortalidad infantil es menor y, su longevidad, mayor.

Después de criticar a la industria de armas en Bowling for Columbine y a la invasión a Irak en Farenheit 9/11, Michael Moore se torna hacia el sistema de salud del país vecino del norte, en su más reciente documental Sicko. En él la crítica de Moore es más expansiva, además de las compañías de seguros y del sistema hospitalario en general, arremete contra el alma de su país preguntándose: ¿qué nos pasa, por qué tanta indiferencia ante la desgracia ajena? Hay 50 millones de estadounidenses sin seguro; es decir, uno de cada seis prácticamente no tiene acceso al sistema de salud. Pero todavía hay algo peor, y este es el tema básico del documental, están los millones de personas cuya economía es tan precaria que ni con seguro pueden cubrir los ridículamente elevados precios del sistema de salud.

 

Moore utiliza la tecnología para llegarle al estadounidense común y corriente. Gracias a que vive en un país con acceso casi universal a internet, monta un blog para que le envíen sus historias aquellos que han sido maltratados por el sistema de salud, a pesar de tener seguro. Con los que no tienen acceso a este servicio, como son los inmigrantes, ya ni se mete. Le llueven los casos que documenta en su película: la mujer joven que pierde al marido porque el seguro simplemente no le pagó la terapia experimental; la madre que pierde a su niña a causa de una fiebre muy alta y no le dan atención porque no calificaba su seguro en ese hospital y, al ser trasladada a una clínica de menor calidad, pierde la vida. Los padres que viven en el sótano de la casa de la hija, arruinados después de tres paros cardiacos del papá.

 

Más allá de lo costoso e inequitativo del sistema de salud de Estados Unidos, bien representado en el documental, la parte mas valiosa de la película para el público estadunidense es la comparación con otros sistemas de salud. La ya no tan incisiva cámara de Moore recorre Gran Bretaña, Canadá, Francia y Cuba. A esos cuatro países va literalmente en busca de lo bueno… y lo consigue. Explica cómo una Gran Bretaña en ruinas al final de la Segunda Guerra Mundial decide ponerse en pie, pero, ante tanto sufrimiento, opta por un sistema de salud universal. A Canadá llega a visitar a sus tíos, quienes se muestran aterrados de ir sin seguro al país “salvaje del sur.

La plática con estadunidenses que viven en Francia fortalece su ejercicio comparativo. Una joven confiesa sentir remordimientos, porque la vida en Francia es mucho más amable y de mayor calidad que la de sus pobres padres en Estados Unidos.

 

Este tour de force internacional es fascinante, pues el estadunidense promedio está convencido de que fuera de su país todo es despoblado. Para no dejar duda, Moore muestra una estadística brutal: el sistema de salud de Estados Unidos está en el lugar número 37, dos abajo de Costa Rica. Y, con toda sorna, aconseja: si importamos los mejores vinos del mundo, por qué no importar también un sistema de salud que quizás es más importante que el chupe.

 

La película se vuelve divertida cuando Moore recluta a algunos voluntarios enfermos que trabajaron socorriendo a las víctimas del ataque a las Torres Gemelas.

 

Desde luego, lo divertido no es observar su enfermedad ni cómo se les niega el acceso a la salud a esos héroes anónimos, sino enterarse de que sólo en la base de Guantánamo hay asistencia médica universal para quienes participaron en el 9/11. Por eso se embarca a Miami, con dirección a Cuba. Llegan a la base militar, pero no los dejan entrar. No ceja en su intento de lograr atención médica para quienes se la jugaron en los escombros de la Zona Cero, llegan al hospital central de La Habana y, ¡sorpresa!, serán atendidos de maravilla por la salud pública del gobierno del diablo, alias, Fidel Castro.

 

Desde luego que los cubanos, abusados como de costumbre, muestran la mejor parte de su sistema de salud. Sin embargo, hay estadísticas que no mienten: Cuba tiene una cobertura más amplia que la de Estados Unidos; su mortalidad infantil es menor y, su longevidad, mayor. ¿Qué tan diablo es Fidel?, acaba uno preguntándose.

 

Le recomiendo al lector que no deje de ver Sicko, un incisivo e irónico documental. Pero, al verlo, no se la tome contra Estados Unidos, pues mire que para criticar al vecino somos tan buenos o mejor que Moore. Le propongo que, al verlo, piense en nuestro sistema de salud, en cómo, a pesar de que nos encanta criticar a los gringos, resulta que les copiamos la peor parte. O acaso ¿no se le hace ridículamente cara la medicina privada en México?

 

rfcastro@itam.mx

Ignominia

POR JOSÉ MANUEL OROZCO GARIBAY

(Exclusivo para Voces del Periodista)

 

El 9 de junio algo ignominioso se reveló. Parte de la ignominia es la poca importancia que le dieron los medios masivos de pseudo comunicación, con honrosas excepciones. Ni siquiera los pensantes de luto (será porque sus ideas se va diluyendo en el cementerio de la inteligencia atemorizada: ?prudencia? dirán ellos); pero nadie expresó indignación ante la ignominia. Arturo Sarukhan,embajador de México en Washington, asistió a la cumbre interparlamentaria México-Estados Unidos. En ella, el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Silvestre Reyes, reiteró a los diputados mexicanos que el gobierno de Calderón pidió al gobierno de los Estados Unidos mayor respaldo en la lucha contra el narcotráfico. Jerry Weller, representante republicano por Illinois, reveló que le darán a México mejores aeronaves y todos los instrumentos necesarios. Incluso preguntó a los mexicanos qué más necesitamos. A lo que la senadora Rosario Green, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores en el Senado de la República, respondió que los legisladores no han solicitado nada al gobierno del Imperio.

Ante preguntas, insistencias, nuestro eximio embajador dijo que no se trataba de un Plan Colombia con presencia de tropas norteamericanas en suelo mexicano:pero que no podía revelar más por estrategia, no sea que ese mensaje les de pistas a los narcos. Aviones, sistemas de elecomunicación, información compartida, intervención de teléfonos, aparatos sofisticados, aeronaves inteligentes,formación de cuadros policiales mexicanos en la Internacional Law Enforcement Academy, y todo lo que el gobierno nortemaricano desea para crear una policía hemisférica que cubra el territorio de México y se extienda a Panamá.

En ese marco de cosas se inserta una estrategia devastadora. Se refuerzan los puntos de vigilancia en la frontera. Se caza a los migrantes económicos del país en su afán por ganar la vida que el estado mexicano no les proporciona. Son vejados, violados, perseguidos, asesinados, yertos en camiones caja donde mueren de hambre o sed, o niños en medio del desierto. Y nada pasa; solamente que la ley migratoria se detiene en el congreso de los Estados Unidos.

En ese marco se despliega el plan Campeche-Panamá que desde las tierras tropicales mexicanas hasta el borde con Colombia busca los recursos, el gas, el uranio, el petróleo, la mano de obra regalada, a cambio de pingües negocios de lo que llama el entramado meta fáctico del poder real: trasnacionales-monopolistas nacionales-gobierno-medios duopólicos de enajenación. En días previos el ex canciller Luis Ernesto Derbez y la hermana del presidente Felipe Calderón, María Luisa Calderón Hinojosa, inauguraron las oficinas del PAN en España: el Europan, para afiliar gente, jóvenes, informar de lo que de veras pasa en México desde la óptica del panismo, y sobre todo, bajo los auspicios ideológicos de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, que fundó José María Aznar, hermano de ideas bélicas de George Bush, donde lo que se plantea es la defensa de occidente respecto de los movimientos sociales e indígenas que ponen en riesgo la seguridad de los países democráticos. Vale decir, defender a Occidente del terrorismo, la insurgencia y los indígenas de izquierda. El documento América Latina. Una agenda de libertad, emanado de esa Fundación, así lo consigna. Lo que se desprende de hecho es la intención de golpear a los pueblos indios, su mentalidad comunitaria contraria al liberalismo, y dar muerte de paso a toda movilización social de protesta organizada contra los estados de occidente. Léase bien: Estados Unidos, México, España, Francia, Alemania,

Cuadran las figuras geométricas del análisis. De lo que se trata es que el pensamiento único de los entramados metafácticos se imponga a las masas. Que los medios de ?comunicación? difundan violencia, prostitución encubierta,vedetismos baratos, telenovelas de la idiotez, compra venta de cosas innecesarias,pensamiento mágico, conductas uniformes, que vayan lentamente incrementando dos actitudes

psíquicas: la violencia de la gente y el miedo; y como consecuencia del miedo, más violencia. Así, al eliminar el pensamiento crítico y la lucha social, los poderosos se van haciendo de los recursos de la tierra. Los otros tienen salidas. Los otros pueden volverse violentos que roban, asaltan y paran en reclusorios (donde hay presos por llevarse un pan mientras los pillos del poder nunca pisan las cárceles); o se suman al crimen organizado impulsados por hambre y odio.

En manos de la guía moralmente buena de los Estados Unidos, tendremos policía hemisférica y control de un narcotráfico que la fuerza bruta del gobierno actual no logra superar. Y en manos de los estudiosos de Aznar en el nicho de Madrid, los mexicanos podemos saber que somos parte del Destino Manifiesto de los norteamericanos sin descubrir el hilo negro.

Bajo la siempre lúcida información de Celeste Sáenz de Miera, me entero del libro El Mundo de la Violencia coordinado por don Adolfo Sánchez Vázquez,editado por la UNAM en 1998, y que es actualización del texto de Raúl Trejo Delabre, con edición de 1997. La idea es medir los efectos de la violencia en los años noventa. Y de acuerdo a lo que ahí se asienta: en seis años, nuestros niños han sido expuestos a sucesos dramáticos, contenidos agresivos,notas rojas, eventos de guerra, contemplando de ocho a 10 mil asesinatos y 130 mil acciones de violencia en la televisión. Homicidios, alcochol, inducción de conductas antisociales, telenovelas perversas que matan la sensibilidad,van produciendo una conciencia que no siente, no disiente, no se sorprende del horror cánico del mundo del afuera. Hoy, ver descabezados, muertos, tanquetas,es normal. Nadie deja de cenar su sándwich del osito mientras por la pantalla el locutor de siempre nos cuenta cuántos muertos tuvimos el día hoy, justamente hoy en que el riesgo es el nacionalismo.

Nacionalizaciones.

Por: Francisco Garaicochea

2007-07-02 09:35:59.

¡Gobernantes de América Latina, adelante! Las nacionalizaciones, en nombre del pueblo, pueden convertirse en la generación de empresas con grandes beneficios y buenos servicios para sus legítimos propietarios. Ha llegado el momento de terminar con las privatizaciones que sólo benefician a los ricos a costa de los pobres.

Los gobiernos que se obsesionan en dejar nuestro patrimonio en manos de las transnacionales únicamente terminan perjudicando a aquellos a los que deben servir y proteger.

Durante los años 90 América Latina estuvo a la cabeza del mundo en la venta de activos propiedad del Estado. Empresas de servicios públicos oficiales pasaron a manos del sector privado en aras de una supuesta modernidad y eficiencia, objetivo que nunca se alcanzó. Al cabo de dos décadas, los datos corroboran que las privatizaciones no han contribuido a mejorar la competitividad ni la calidad de los servicios que proporcionan.

Con justa razón dos de cada tres latinoamericanos saben que las privatizaciones son ruinosas. Quizá parte de la respuesta sea la corrupción que flota sobre ciertos casos muy conocidos de capitalismo entre compinches. Y otra parte de la culpa le corresponde al desempleo, ya que se pierden empleos cuando las compañías privatizadas comienzan a maximizar sus utilidades siguiendo criterios económicos, en vez de tomar decisiones que beneficien a la sociedad para garantizar la sustentabilidad empresarial nacional.

Algunos gobiernos ante el descontento generalizado, han reinstaurado el control estatal sobre los servicios públicos y las industrias claves. Venezuela acaba de nacionalizar todo el sector eléctrico y CANTV, la empresa de telecomunicaciones. A principios de este año Bolivia rescató sus hidrocarburos y reasignó el manejo del sistema de acueductos de La Paz, que desde 1997 manejaba una compañía extranjera. Ecuador también realiza importantes acciones para recuperar su dañada soberanía puesta en manos de transnacionales.

Antes de tomar estas decisiones los gobiernos analizaron cuidadosamente los hechos. Descubrieron que las privatizaciones han sido, de hecho, más perjudiciales para los pobres. Las empresas de servicios públicos privatizadas aumentaron los precios y, generalmente, al ampliar su cobertura, excluyeron a los hogares pobres.

Las investigaciones confirman que en la mayoría de los casos en América Latina sólo la gente de altos ingresos se ha beneficiado. El Banco Mundial reconoce y publica que las reformas impuestas en México “no han podido romper el patrón de concentración económica y la polarización regional”. Nadie dudará que esta declaración sea inobjetable, puesto que procede de la institución creada como un instrumento de penetración neocolonial y al servicio de las grandes transnacionales norteamericanas.

Más impresionantes aún son los negocios de las privatizaciones en el campo de la salud. Como ejemplo de la forma en que los hospitales privados maximizan sus utilidades, en forma por demás inmoral, basta citar las estadísticas de cesáreas en hospitales privados en comparación con las de los hospitales públicos.

Más del 60% de los partos se realizan mediante operaciones cesáreas en los hospitales privados, mientras que en los hospitales públicos estas intervenciones no llegan al 30%. La razón de esta desproporción es la mayor ganancia, y la comodidad, a pesar del mayor riesgo en la práctica del alumbramiento antinatural.

Los verdaderos líderes de América Latina saben, sin lugar a dudas, que al nacionalizar los servicios básicos sirven a sus naciones y a los marginados por el capitalismo a ultranza.

Termino esta nota con una sentencia del presidente Juan Domingo Perón: “Hay que tenerle menos miedo a los de afuera que nos quieren comprar que a los de adentro que nos quieren vender”

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