Rafael Loret de Mola Cuarto Poder
Sin alternativas
Frenos oficiales
Frases importadas
No hay mensaje peor para la población que la declaración sobre la ausencia de alternativas por parte de un gobierno copado. Tal significa que la emergencia, derivada de una crisis mal llevada, reduce las expectativas de futuro a las medidas que puedan tomarse en el cerrado círculo presidencial -¿no que se habían extinguido los autoritarismos?-, sin posibilidad de abrir expectativas con audacia y visión de futuro. Nunca como ahora los encargados de las funciones públicas se habían rendido tan fácilmente por falta de imaginación y, sobre todo, de talento.
Ya nos hemos referido al factor dominante en el presente, el de la mediocridad rampante de los funcionarios públicos, tratando de explicarnos la ausencia de perspectivas, de sendas por abrir, en un mundo rebosante de desafíos y presiones. Perdido el liderazgo latinoamericano, además, por la inconsistencia de la política exterior, plena de vaivenes e indefiniciones y corta de ideologías y firmeza, los representantes de la derecha en el poder han dilapidado cuanta autoridad moral atesoraron por sus antiguas y en ocasiones bravas batallas en pos de la democracia. Acaso cuando se revirtieron las tendencias, en la hora negra de la campaña presidencial de 2006, para favorecer la causa de la continuidad con toda la parafernalia presidencial de por medio, amén de los incorrectos excesos de la dirigencia patronal, se extravió todo rastro de decencia política. Desde entonces, todo ha sido remar en contra de las marejadas… sin poder superar las corrientes que conducen hacia los arrecifes.
En contexto así, alarma que el titular del Ejecutivo federal, en el consabido recuento sobre la primera mitad de su paralizante gestión -ninguno de los proyectos electorales esbozados ha podido aterrizar-, insista en que ha tomado constantes decisiones "difíciles" sin tener alguna otra opción que la de cargar a la población cautiva, la que produce como si tal fuera un pecado con una secuela interminable de penitencias, los costos de las mismas. Esto es: para que funcione el gobierno, de acuerdo a las tesis de los burócratas encumbrados, se requiere ir en contra de las banderas sociales y los intereses colectivos, reduciendo los satisfactores generales a costa de imponer nuevos yugos fiscales y tarifarios a una comunidad ahíta de demagógicos sustentos. Tal es el argumento central analizado sin las justificaciones ligeras, de oficio, de los panegiristas al servicio de la administración federal, ayuna de todo sentido de equidad.
Por ello lastima cerciorar que los grandes empresarios, algunos de ellos referentes intocables en la relación de los mayores multimillonarios del planeta, han sido privilegiados por la tolerancia del fisco y han acumulado adeudos múltiples con el fútil razonamiento de que con ello crean empleos -es más bien lo contrario- aun cuando evidencian una lamentable correlación entre la depauperación aparente de sus empresas y la bonanza económica de ellos mismos y sus socios y parentelas. No es razonable, insisto, que acumulen riqueza aquellos que pretextan estar casi quebrados.
En la misma línea, tanto durante el foxismo como en el régimen vigente, se habilitaron las ventas, a precios de oferta, de bancos y paraestatales llegándose al extremo incluso de liquidar, de una mañana a la otra, a la Compañía de Luz y Fuerza como efecto de la ausencia de diálogo y de las negociaciones fallidas en pos de la renovación de los cuadros sindicales. Los efectos los conocemos todos: sesenta mil familias al garete con una larga "cola" de protestas callejeras, huelgas de hambre y amenazas incesantes de un paro nacional que pondría a nuestra economía, de nueva cuenta, de rodillas ante la fiebre especulativa que tanto beneficia a los extranjeros, los grandes ganadores del oficioso abaratamiento nacional.
Pero todo ello se nos plantea como males necesarios porque, según insisten los defensores del gobierno en curso, cualquiera otra cosa sería tanto como permitir, y así lo ha dicho Felipe Calderón, que el país se nos deshaga en las manos. La misma filosofía, como apuntamos ayer, utilizada por Miguel de la Madrid y los miembros de su gabinete indecoroso en la falsa hora de la "renovación moral", obviamente traicionada e infecunda, cuando, en realidad, surgieron las más perniciosas alianzas entre la clase política corrupta y las mafias en plan de ganar todas las subastas. Una vez más, la recreación de los hechos nos revela que, en el sector público, se puede tropezar diez veces con la misma piedra tratando de disimularlo.
En fin, si negativos son los saldos de tres años de ejercicio en la Presidencia, más lo son las consecuencias de las justificaciones que no estimulan sino inhiben, como si la inercia fuera el mayor valor a conseguir con el ominoso modelo de dejar las cosas como están… posibilitando, claro, que los cómplices vuelvan a acomodarse mientras los demás pagamos los platos rotos. Otra vez, insisto, hacia la cuesta arriba.
Debate
Los cada vez más escasos defensores del señor Felipe Calderón, insisten en que debemos ver hacia delante, sin detenernos en juzgar al pasado, para así proveer a la colectividad de nuevos incentivos para su despegue definitivo. Esto es, expulsando a la historia y al análisis del contexto general para marchar sin rumbo ni coherencia alguna hacia los escenarios del porvenir. Vamos, como si México hubiera nacido apenas ayer y fuese necesario enseñarle a andar sin corregir los vicios originales. Lo he dicho muchas veces: no se puede construir el edificio de los nuevos tiempos sobre los cimientos podridos del pasado porque con ello sólo se estaría habilitado un colapso brutal.
Pese al criterio oficialista, obviamente sesgado, es el mandatario en funciones quien provee de elementos seriamente provocadores. Él mismo ha divulgado que los momentos más duros de su gobierno los sobrellevó asumiendo opciones "dolorosas", según sus palabras, o de alto contenido explosivo, en las nuestras, porque sencillamente no avizoraba alternativa alguna que pudiera ser menos costosa socialmente hablando. Esto es: si debió asumir el paquete económico reciente, con una iniciativa que conllevaba muy altos precios comunitarios -es decir con sesgos empobrecedores-, ello se debió a que no tenía otra posibilidad salvo la de dejar a México en el camino de su inviabilidad.
Caramba, si hemos llegado a este punto terrible, en el que se pone en juego la propia supervivencia nacional, ello quiere decir que los nueve años de ejercicio del poder por parte de la eufórica derecha que ofreció un cambio estructural sin valor para culminarlo, no han servido salvo para asegurar el desarrollo y bonanza de una apretada y nueva aristocracia, intocable porque se asume moralmente irreprochable por cuantos golpes de pecho se da, obviamente contraria al modelo democrático que exige, en todo momento y circunstancia, la toma de acuerdos basada en los consensos generales y no en las apretadas decisiones de elite. Las diferencias entre las palabras y los hechos no dejan lugar a dudas.
En la misma línea, el desmantelamiento de la compañía de luz y el traslado del tumor a la Compañía Federal de Electricidad, sin otra opción dijo, sólo prolonga el malestar y el riesgo latente de un mayor quebranto. Cuantas veces he preguntado a altos funcionarios sobre el particular he encontrado respuestas impregnadas de lugares comunes pero ausentes del menor sentido de credibilidad. No avanzamos, sólo disimulamos los males mayores. Y así, sencillamente, no pueden ofrecerse buenas cuentas. Ni ahora ni después, cuando llegue la hora del juicio definitorio sobre una actuación de medio tiempo bajo mil presiones y asechanzas.
Más valdría comenzar de nuevo, rectificando, antes de que el tiempo se consuma.
El Reto
El optimismo ya no le funciona ni al mandatario ni a sus colaboradores estrechos. Cuando tal era la fórmula, expusimos que era una suerte de demagogia aunque el pesimismo tampoco era un buen conductor de esperanzas, máxime cuando tanto necesitábamos de incentivos para salir del marasmo e intentar superar los retos, por sí complejos, de una realidad asfixiante en la que el mal está ganándole todas las partidas al bien.
Hoy, el discurso es menos eufórico y con ello se provee a la sociedad de un mayor número de interrogantes que no pueden resolverse con medias tintas ni justificaciones laterales. Lo lamentable, insisto, es que las fuentes gubernamentales nos expliquen, con tono ponderado incluso, que no hay otras opciones… más que la exacerbación de la crisis social. ¿Y con ello podrá frenarse a las decenas de nuevas bandas armadas que pululan por diez entidades de la República, cuando menos, un tercio del territorio nacional?
Sólo falta que nos digan, como ya es frecuente, que estamos satanizando a los pobres endilgándoles la responsiva de ser ellos los proveedores de recursos humanos para la latente corriente subversiva. Y el gobierno, claro, volverá a lavarse las manos.
La Anécdota
La derecha española, encabezada por el dirigente del Partido Popular, el dos veces candidato presidencial Mariano Rajoy, envió refuerzos en 2006 para favorecer, claro, la causa calderonista con el aval tardío de los Fox. Fue entonces cuando arribó Antonio Solá con su campaña sobre los "peligros" para México prefabricados en una oficina madrileña cercana al Parque del Retiro.
Ahora, la izquierda hispana toma el modelo mexicano. Hace unos días, el presidente "socialista", José Luis Rodríguez Zapatero, escuchó a cientos de sus partidarios, encabezados por el ex presidente Felipe González y algunos miembros del gabinete, recitar la contundente frase:
–¡No estás solo, no estás solo!
Únicamente falta adaptar la sentencia, es decir la cortinilla de humo:
–"Es un honor estar con…" Y algo que rime con Zapatero.
Los hemisferios, como los extremos, también se tocan.